Los programadores están escribiendo menos líneas de código para combatir la emergencia climática

Imagen de recurso de una programadora trabajando.
Imagen de recurso de una programadora trabajando.Andrii Starunskyi / Getty Images/iStockphoto

El resultado de la ecuación no arroja dudas. Programar una web requiere electricidad para funcionar. Cuanto más pese, más energía demanda. Y así proporcionalmente con todo lo que viaje a través de Internet, sea un humilde correo electrónico o un buscador. Resultado: a mayor HTML, mayor impacto medioambiental. Consciente de esta relación directa, Danny van Kooten, creador del plugin —un fragmento de código que amplía las funciones de un programa o herramienta— de WordPress que ayuda a los propietarios de una página a usar el servicio de envío masivo de correos Mailchimp, decidió aportar su granito de arena en la lucha contra la emergencia climática reduciendo las líneas de código que había creado.

Cada vez que alguien instalaba el plugin, incrementaba el peso de su web. Consumía más energía debido a que el servidor tenía que enviar al navegador no solo la información de la propia página, sino también la del código de Van Kooten. Como explica, es muy importante tener en cuenta este proceso porque es exponencial, en webs con millones de visitas y diferentes plugins funcionando en todas ellas. “Reescribí parte del HTML para optimizar el uso del código. Según mis estimaciones, estos pequeños cambios han reducido mensualmente las emisiones de CO2 en 59 toneladas, lo mismo que dejar de conducir mi coche unos 421.000 kilómetros”, sostiene.

Atajar ahora mismo el cambio climático provocado por la tecnología cobra aún más relevancia. La crisis del coronavirus ha migrado gran parte del trabajo y los servicios al mundo digital. O lo que es lo mismo, a webs y servidores que soportan un tráfico sin precedentes. Un intercambio de información mundial que dispara la huella de carbono. Un estudio señala que, actualmente, los centros de datos consumen entre el 1% y 3% de la electricidad de todo el planeta. “Si no impulsamos una programación verde, este porcentaje, y más con el contexto que vivimos, se disparará hasta el 13% en menos de 10 años. La actividad en Internet no deja de crecer”, razona.

Por si no fuera suficiente abordar la sostenibilidad, las modificaciones de Van Kooten ayudan a mejorar la velocidad de carga de las páginas. Con la misma conexión, transfiere todos los datos antes debido a que pesa menos. Un punto de partida esencial para que un grupo de estudiantes diseñara un nuevo filtro de Instagram basado en reducir en un 40% el tamaño de la imagen. Aparte de seducir a los usuarios con su estética retro, con ciertos retoques en la programación pusieron fin a ese icono tan molesto de carga, tanto al subir la foto retocada como cuando accedemos al timeline.

En el caso de que no sepamos por dónde comenzar a modificar el código, WebsiteCarbon.com puede echarnos una mano. Calcula la huella de dióxido de carbono de cualquier web y comprueba si el servidor que la aloja funciona con energía renovable. “Todo elemento que consuma electricidad es un problema para el medio ambiente. Si una página puede consumir una cantidad menor de energía mientras mantiene su funcionalidad, siempre será positivo”, zanja Van Kooten.

En Barcelona, precisamente, un único panel solar de 30 vatios es el responsable de que no deje de estar accesible para los usuarios una versión sostenible de Low Tech Magazine. La pequeña batería que utiliza para almacenar electricidad permite que no se caiga durante las noches y en invierno. Pero cuenta con algunas limitaciones. “Si demasiada gente vista la web y el sol no brilla, no es raro que deje de estar online durante un periodo corto de tiempo”, precisa Van Kooten.

Menos agradecimientos

La reprogramación del HTML se ha demostrado útil contra el cambio climático. Sin embargo, también conviene volver a pensar en nuestra rutinas digitales, como ese “gracias” con el que respondemos a miles de correos electrónicos. Mike Berners-Lee, profesor de la Lancaster Univerty y especializado en analizar la huella de carbono, estimó que si cada adulto británico enviara un email de agradecimiento menos al día, dejarían de emitir 16 toneladas de CO2 anualmente, lo mismo que ir y volver en avión de Madrid a Nueva York unas 22 veces seguidas.

En palabras de Van Kooten, de lo que se trata es de medir el impacto energético de cada clic. “Es la única manera de programar sosteniblemente. Impulsar un diseño ecológico de software entre todos”. Su experiencia le ha cambiado el método de trabajo, aunque ni siquiera fuera algo premeditado. Cuando comenzó a toquetear el código, no tenía en mente adelgazar el consumo energético que implicaba la instalación del plugin. “Estuve una semana dándole vueltas a cómo mejorar su rendimiento sin afectar a la funcionalidad. El resultado final fue mucho mejor porque también contribuí a preservar el medio ambiente”.

El compromiso con lograr un mundo menos contaminado abarca múltiples ámbitos. Desde el político, con una Unión Europea que mira al horizonte de 2050 como tope para alcanzar un planeta climáticamente neutro, hasta la programación, como han demostrado Van Kooten y todo un movimiento de HTML verde. “Merece la pena dedicar un tiempo durante el desarrollo de una página a buscar dónde reducir el dióxido de carbono. Tenemos que concienciar más a los programadores, por muy vertiginosos que sean los tiempos que vivimos”, concluye.

Leave a Reply