El control de fronteras encona la negociación de Exteriores con el Reino Unido sobre Gibraltar

Arancha González Laya, durante la reunión que mantuvo con Fabian Picardo el pasado 23 de julio en Algeciras (Cádiz).
Arancha González Laya, durante la reunión que mantuvo con Fabian Picardo el pasado 23 de julio en Algeciras (Cádiz).EFE

La negociación entre España y el Reino Unido para definir el encaje europeo de Gibraltar tras el Brexit ha encallado. Pese a las buenas perspectivas con las que arrancó este diálogo antes del verano, la incorporación del Peñón al espacio Schengen de libre circulación y la posibilidad de que sean agentes españoles quienes ejerzan el control fronterizo han empantanado la discusión. A los problemas particulares del proceso se suma el malestar general que planea sobre toda la discusión europea del Brexit. Representantes de España y del Reino Unido (con el Gobierno de Gibraltar incluido en esta delegación) tratan esta semana de explorar si aún es posible el pacto.

La salida británica de la Unión Europea ha brindado una oportunidad única para repensar la relación del Peñón con España y con el resto del club comunitario. En un territorio donde el voto contrario al Brexit alcanzó el 96%, el Gobierno gibraltareño ha defendido —incluso más allá de lo que desea el Reino Unido de Boris Johnson— una solución ad hoc que permita mantener a la colonia vinculada a la UE. Pero las condiciones cruzadas que exigen ambas partes han llevado al enconamiento la mesa abierta en junio. La libre circulación de personas y mercancías que rige ahora, con algunas particularidades, está en juego.

La clave de la confrontación es el tránsito sin controles en la Verja que separa La Línea de la Concepción (Cádiz) de Gibraltar. Las autoridades del Peñón quieren adherirse al espacio europeo libre de pasaportes, un área a la que nunca perteneció el Reino Unido, y a la unión aduanera. Schengen está compuesto por 26 Estados, no por territorios aislados. Integrar a Gibraltar, por tanto, exigiría alguna solución singular. Sin alterar ningún aspecto de la soberanía, España ha puesto sobre la mesa asumir esa responsabilidad como Estado, lo que supondría que policías españoles participaran, de alguna manera, en el control fronterizo que ahora ejercen en exclusiva las autoridades gibraltareñas, según explican fuentes de la negociación. Gibraltar lo considera inaceptable, mientras que el Ejecutivo de Pedro Sánchez, reacio a dar detalles del proceso para evitar que se frustre, considera que un acontecimiento tan disruptivo como el Brexit obliga a todas las partes a modificar sus posiciones de partida.

Como alternativa a la propuesta española, las autoridades del Peñón reclaman lo que consideran soluciones neutrales. Entre ellas destaca la idea de atribuir el control fronterizo a agentes de Frontex, la agencia de fronteras de la UE. En esa labor podría haber incluso policías españoles, pero bajo el paraguas comunitario. También está sobre la mesa aplicar remedios tecnológicos, entre ellos la instalación de máquinas automáticas de lectura de pasaportes como las que ya existen en muchos aeropuertos.

Las trabas del proceso se ven agravadas por el último seísmo del Brexit. A tres meses de que venza el periodo de transición que mantiene prácticamente intactas las condiciones de pertenencia del Reino Unido a la UE, Boris Johnson trata de desvincularse de lo pactado en un aspecto muy sensible de la salida, el relativo a Irlanda del Norte. Este clima de desconfianza enrarece también la mesa sobre Gibraltar. “Este acuerdo tiene que basarse en la confianza, un elemento que hoy echamos un poco en falta. Teniendo en cuenta que el Reino Unido tiene la intención de renunciar al pacto de salida ya acordado con la UE, eso pone un poco en duda la buena fe a la hora de negociar con España en lo relativo a Gibraltar”, señaló el pasado jueves la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, a EL PAÍS antes de participar en el Foro Tendencias organizado por el diario.

La ministra, pese a todo, abogó por el acuerdo, un objetivo que recalcan también Londres y el Gobierno de Gibraltar. “El Reino Unido y Gibraltar están manteniendo unas conversaciones constructivas con España en las cuestiones relacionadas con la salida del Reino Unido de la UE relativas a Gibraltar. Nuestra prioridad compartida es el bienestar y la prosperidad continuada de los habitantes de Gibraltar y del Campo. Las conversaciones continúan y esperamos volver a reunirnos pronto”, asegura una portavoz de la embajada británica en Madrid.

Pese a esos buenos deseos, la secuencia de los hechos en los últimos días revela dificultades. Tras varios meses ensalzando el buen clima de la negociación, el Gobierno de Gibraltar emitió una nota el pasado jueves alertando a empresas y ciudadanos de posibles controles sistemáticos de personas a partir de enero. Y el viernes por la tarde, el primer ministro británico y el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, hablaron por teléfono sobre “la importancia de proteger la soberanía, la jurisdicción y el control”, según un comunicado divulgado al final de la llamada. Son términos de alto voltaje que indican que la negociación ha llegado a un punto de bloqueo.

Fuentes cercanas al Ejecutivo del Peñón insisten en que Gibraltar “sigue teniendo mucho interés en que se llegue a un acuerdo que cree una prosperidad compartida basada en garantías y respeto mutuos, sin que ninguna de las partes tenga que cruzar sus líneas rojas”. Aun así, añaden: “Desgraciadamente, si España pretende ganar la cuestión de la soberanía por la puerta delantera o la trasera, no habrá acuerdo. Eso será malo para todos, pero no será culpa de Gibraltar. Las soluciones neutrales pueden dar resultados positivos. Las propuestas partidistas no llevarán a ninguna parte”. En pocos días se sabrá si los desencuentros son salvables o arruinan toda la discusión.

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