Las Humanidades y el futuro posible

Materias como Historia, Literatura, Geografía, Lengua, Cultura Clásica, Ética, Filosofía, Lengua Extranjera y las ya predecibles marías del currículo, Plástica y Música, son las asignaturas de corte humanista que en los últimos tiempos han ido perdiendo popularidad y estatus en cuanto al valor que atribuimos socialmente a las disciplinas que nos preparan para acceder al mercado laboral. Es decir, su valoración va ligada a su potencial en términos productivos. Una excepción son los idiomas que, si bien pertenecen a esta categoría, son valoradas positivamente y percibidas como conocimientos clave para la formación, ya que facilitan nuestra incorporación a un mercado de trabajo altamente competitivo.

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En este contexto, hay una campaña que actualmente está en marcha en el Reino Unido que busca precisamente poner en valor estas asignaturas de corte humanista. Se trata de una iniciativa liderada por la London School of Economics que busca incentivar a los estudiantes a cursar este tipo de disciplinas académicas. A través de un ingenioso branding, han acuñado el término SHAPE —Social Science, Humanities and the Arts for People and the Economy (ciencias sociales, humanidades y arte para las personas y para la economía)— para designar este compendio de materias que viene arrastrando una baja popularidad entre los estudiantes.

Me parece interesante destacar cómo se integra a través del acrónimo SHAPE la noción de que son necesarias para la rehumanización de la sociedad, tanto social como económica. Para quien no se haya dado cuenta, la economía necesita de las Humanidades. Necesita rehumanizarse, necesita empatía, necesita aprender a colaborar. Co-laborar, trabajar juntos para regenerar el sistema porque el actual es insaciable y no es sostenible. Necesitamos dar paso a un capitalismo sostenible y colaborativo, en definitiva, más humano. El planeta lo está pidiendo a gritos.

Las Humanidades facilitan el desarrollo del razonamiento verbal, la comprensión de la sociedad, del medio ambiente y de la cultura

¿Y por qué las humanidades son importantes en nuestra formación? Porque este tipo de materias facilita el desarrollo del razonamiento verbal, la comprensión de la sociedad, del medio ambiente y de la cultura, y que están peligrosamente infravaloradas y tachadas de materias blandas o poco importantes. Y esto es perjudicial para la formación de los jóvenes.

Formación holística para comprender el entorno

Para formarnos y desarrollarnos necesitamos una formación holística que nos permita no sólo conocer el mundo que nos rodea sino conocer a los demás y autoconocernos. Esto es a lo que la educación reglada debería de aspirar. Este tipo de materias nos permiten precisamente desarrollar habilidades, métodos y formas de expresión para comprender de una manera más profunda lo que sucede a nuestro alrededor a través de la observación, la reflexión y el análisis. La literatura, la historia, la geografía, el arte y los idiomas incentivan nuestra curiosidad y favorecen el desarrollo de la empatía. Este tipo de materias, como nos recuerda la campaña de la London School of Economics, “nos capacitan para analizar, interpretar, crear, comunicar y colaborar con rigor, claridad y energía”. Estas son sin duda habilidades cruciales hoy en día para la rehumanización del futuro.

La motivación por otro lado es uno de los aspectos clave para que el aprendizaje suceda, el gran talón de Aquiles de nuestro sistema. Invito a cualquier persona mínimamente interesada en cuestiones educativas a escuchar al youtuber Jaime Altozano explicando su frustración con el sistema educativo. Creo que es altamente clarificador. La enseñanza basada en la repetición y en la memorización es un ejercicio vacío, desmotivador y la herramienta perfecta para conseguir generar rechazo por la cultura y el conocimiento. La literatura se aprende leyendo, no memorizando autores y fechas, y la historia y la filosofía no se pueden dictar, para eso ya están los libros.

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Hoy abro mi Facebook y un algoritmo que ya sabe que este es un tema que me interesa hace que me tope con el siguiente titular: “Los Estados con mejores resultados en PISA son aquellos que más horas dedican a la educación artística, porque lejos de favorecer la instrucción memorística, enseñan a sus niños a imaginar futuros posibles y les dan herramientas para lograrlo”.

Se trata de una entrevista a Marián López Fernández Cao, catedrática de Educación Artística en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid y promotora de la plataforma en defensa de la educación artística #EducaciónNoSinArtes. Pues así es, esta declaración constata con datos objetivos algo que cualquier persona que lo haya experimentado, sabe, el arte y la creatividad potencian la motivación y facilitan el aprendizaje. Más allá del estudio de la propia educación plástica y visual tan necesaria para aprender a leer y descodificar imágenes en un mundo increíblemente visual, la metodología creativa favorece el aprendizaje.

Los procesos artísticos y de creación son una magnífica herramienta educativa transversal ya que generan experiencias que nos hacen sentir, emocionarnos, observar, reflexionar, imaginar, trabajar en equipo, buscar soluciones y comunicarnos. Nos ayudan a escuchar otras posturas ante un mismo tema y a enfrentarnos al vacío y al error. Además, la creación nos conecta con nosotros mismos y con los demás en una experiencia que une emoción y aprendizaje. Y la educación necesita precisamente eso, más emoción, que es sin duda el mejor estímulo para aprender, más cercanía, más conexión con la realidad de los estudiantes. Inmensa labor la del docente, quede dicho.

SHAPE es el nuevo STEM

El objetivo de la iniciativa británica es la de emular el éxito que ha tenido el término STEM —Science, Technology, Engineering and Maths (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas)— en el ámbito educativo en los últimos años. La campaña, con el apoyo del Arts Council, no pretende que estos bloques de materias compitan entre sí, sino al contrario, fomentar la integración de ambos para un desarrollo formativo integral y necesario para la construcción de un futuro sostenible. Se trata de poner en valor estas disciplinas de corte humanista. Julia Black, profesora de Derecho en la London School of Economics (LSE), es una de las promotoras y explica que las habilidades de razonamiento y la capacidad para articular ideas y conceptos que se desarrollan al estudiar historia o teatro o un idioma tienen el mismo valor que las adquiridas a través del aprendizaje matemático o científico.

En este sentido, Fernández Cao reitera que las habilidades relacionadas con el dominio artístico son muy cercanas a las evaluadas en el área científica: “En ambos casos, la habilidad crítica consiste en mirar detenidamente, analizar y razonar sobre lo que se observa. Asimismo, el razonamiento espacial, tan necesario en ámbitos como la geometría y el razonamiento abstracto, son capacidades que desarrolla la educación artística”.

Creatividad e innovación

Potenciar las materias de corte humanista en la comunidad escolar sería sin duda dar un paso hacia delante. Sin el reconocimiento social necesario para que cale su valor en el estudiante es difícil hacerlas atractivas, pero sobre todo comprender que las habilidades y competencias derivadas de su aprendizaje son importantes para nuestra sociedad. Esta está cambiando a gran velocidad, la revolución tecnológica en la que estamos inmersos ha transformado la manera de relacionarnos, de comunicar, de hacer negocios y trabajar. La actual crisis de la covid-19 actual no hace más que acelerar este proceso. Lo estamos viviendo.

La educación necesita precisamente más emoción, que es sin duda el mejor estímulo para aprender

El mercado laboral se está transformando y las habilidades y destrezas que se necesitan, también. Según el informe ODS4: el rol de las empresas para conseguir una educación de calidad, publicado por Fundación Seres y PwC en 2020, explica que este requiere cada vez más de personas con disposición al aprendizaje continuo y a la adaptación, es decir que tengan habilidades para aprender y afrontar lo imprevisto y lo nuevo. La creatividad y la innovación son ahora una clave ante la necesidad de las empresas de adaptarse a los cambios tecnológicos y sociales. Las habilidades para el desempeño social, la gestión de las emociones, la comunicación, el pensamiento crítico o el liderazgo cobran también relevancia. Y la empatía y la capacidad de interrelación son necesarias ante cuestiones como la de humanizar las marcas, más sensibles a las realidades de las personas. Queda claro que más allá de los conocimientos y competencias técnicas, el mercado valora cada vez más las competencias de carácter transversal que se alinean con los nuevos modelos de empresa.

Por otro lado, la tecnología nos permite cada vez más automatizar las tareas repetitivas y especializadas para las que la educación históricamente nos ha venido preparando. Muchos puestos de trabajo quedarán ahora desfasados, dando paso a otros perfiles que requieren nuevas habilidades intrínsecas a nuestra especie. La formación de nuestros futuros y futuras profesionales necesita de las humanidades. Los sistemas educativos, cuya función dentro del sistema productivo es la de formar a los trabajadores de los que se nutre, no parece haber tomado nota de las necesidades actuales.

Pero aún estamos a tiempo de reaccionar. Es momento de resetear el sistema y potenciar los valores que nos hacen humanos para construir un futuro posible para las personas y para el medioambiente. La educación juega un papel fundamental. Una educación integral nos preparará mejor para afrontar los grandes retos que tenemos por delante como humanidad.

Carmen Riestra Puga es responsable del departamento de Arte, Cultura y Sostenibilidad en Quiero.

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