El Sevilla cae ante el Bayern en una gran final de la Supercopa de Europa

Hay maneras de vivir. Maneras de soñar. Maneras de sufrir y, también, maneras de competir. El Sevilla es único en este último concepto. Agarrado a ese instinto competitivo, a esa increíble creencia colectiva en que no es inferior a nadie y jamás se rinde, el conjunto andaluz dio una lección de vida ante un gigante como el Bayern de Múnich en una superfinal europea en la que solo cayó en la prórroga. Ese gen luchador del Sevilla se traduce en un término tan castizo, tan antiguo y fuera de los cánones tales como es el de casta. Instalado en esa convicción, el Sevilla cayó de forma heroica ante un Bayern superior en fútbol, pero al que llevó al límite. Con el 1-1, En-Nesyri tuvo el triunfo en sus botas en el minuto 87. Neuer cortó el sueño sevillista. Las lágrimas de En-Nesyri al final del partido así lo demostraron. El Bayern tiró de amplitud de plantilla en la prórroga y Javi Martínez acabó con la resistencia del Sevilla. Todo como consecuencia de un saque de esquina producto del único error en defensa de Diego Carlos y, en general, de todo su equipo. El Sevilla cayó con mucho honor y aunque inferior futbolísticamente al Bayern, demostró que es un equipo muy complicado de batir. A veces la mística es casi superior al enorme despliegue futbolístico de un equipo de las prestaciones del Bayern.

Existe un punto conmovedor en la forma de competir del Sevilla. Un carácter indómito que le permite plantarse sin complejos en la final de la Supercopa ante el mejor equipo del mundo. Probablemente en ese descaro y en esa increíble valentía pueden residir buena parte de sus éxitos. El Sevilla no es un coloso hombre por hombre. Incluso tiene carencias evidentes en ataque para codearse en la élite. Pero compite como un gladiador.

La puesta en escena del Bayern dio miedo. El campeón de la Champions no especula. En dos minutos se plantó con peligro en el área de Bono. Y bastó que el Sevilla tocara con sentido una vez para llegar con seriedad a la meta del gigante alemán. El Bayern confía tanto en su superioridad en ataque y su poderosa intimidación física que concede atrás. Así, un balón al área de Navas se transformó en una deliciosa dejada de De Jong a Rakitic. Alaba lo atropelló y Ocampos marcó de penalti.

El Bayern no se esperaba el golpe. Pero es una máquina. Encontró el desahogo en un futbolista resucitado, Müller, que se mueve a su aire y que es indescifrable. Con Kimmich bien sujetado por Rakitic y Jordán en la presión, fue Müller el que encontró los huecos para crear peligro. Primero llegó a un remate que salvó Koundé. Luego le dio un magnífico pase a Pavard, que lanzó fuera. Todavía fue capaz de bloquear a Diego Carlos para que Lewandowski se quedara solo ante Bono, que detuvo su intento de vaselina.

El Sevilla era incapaz de mantener el balón ante el aluvión germano, poderoso en el despliegue físico, un auténtico martillo pilón que encontró, una vez más, la fórmula mágica a sus problemas en Müller. Su pase con el interior al área fue muy bien tocado por Lewandowski después de un desmarque genial. Goretzka remató a placer con Rakitic y Fernando desbordados. El Sevilla logró llegar al descanso con el empate. Con más mística que juego y organizado atrás, fue capeando el temporal como buenamente pudo. Es muy difícil defenderse con orden ante tanta intensidad.

El grupo de Lopetegui mejoró en la segunda mitad. Salió con el ánimo de tener más el balón y de decirle al Bayern que era hora de perderle algo el respeto. Neuer hizo la primera parada de la noche después de un centro de Escudero que desvió Süle. Más entero, con un Fernando inconmensurable, el Sevilla sufrió menos ante el Bayern. Lógicamente, el campeón alemán tuvo sus opciones. Fue el momento en el que surgió Bono para tapar ante Gnabry. Luego, el VAR anuló un gol de Lewandowski por un justo fuera de juego del polaco. El Sevilla se salvó. Y pudo volar en una carrera de En-Nesyri en el minuto 87. El delantero se quedó solo ante Neuer y el meta, un campeón del mundo, le cortó las alas al Sevilla con una enorme estirada.

Los de Lopetegui apretaron en el inicio de la prórroga y Jordán tuvo una buena opción. El Sevilla no podía más. Flick metió toda su artillería con Davies y Javi Martínez. El navarro cazó un despeje de Bono y el sueño sevillista se esfumó.

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