Sonámbulos, como los adolescentes

Le pregunté el año pasado a Llàtzer Garcia: “¿Por qué sonámbulos?”. Tiene no pocas obras. La más popular es La pols, que en Madrid se vio como Cenizas, estrenada en el año 2015. El 25 de octubre, en el festival Temporada Alta de Girona, presentará Elda & Daniel, en el Teatre Ateneu de Celrà. Y anda con dos nuevas piezas entre manos: una historia que transcurre en el antiguo Teatre Lliure con el título de Història d’un acomodador, y una versión libre de Mirando hacia atrás con ira, de John Osborne. Probablemente estará comenzando otra.

Pero antes ha vuelto su puesta en escena de Els somnàmbuls. Garcia la estrenó el año anterior, en la sala La Planeta, en Girona, también en el Temporada Alta. “Subtítulo: comedia íntima”. Una versión muy libre, me contó, de Design for Living, de Noël Coward. “Se titula así porque son personas que cada día dan un nuevo paso para conocer la vida, pero también siguen comportándose como adolescentes”. Flotantes, como sonámbulos: no es una mala definición. Y perdidos en una especie de sueño, como si nunca quisieran salir del amor y juventud.

Tres protagonistas: Laura Pujolàs, David Marcè y Genís Casals. En la pieza de Coward se llamaban Gilda, Otto y Leo. Ahora Els somnàmbuls llevan los nombres de los intérpretes. Y se representa hasta el 4 de octubre en La Seca Espai Brossa de Barcelona.

Noël Coward escribió Design for Living para sus amigos los actores Alfred Lunt y Lynn Fontanne. Y se reservó el rol del tercero en concordia: muchos vieron a Fontanne, Coward y Lunt como trasuntos de los personajes. La comedia se estrenó en Broadway en 1932, porque en Londres la censura la prohibió durante siete años. Tras su éxito en el Ethel Barrymore Theatre de Nueva York, la obra saltó al cine en 1933, con guion de Ben Hecht, dirigida por Ernst Lubitsch y protagonizada nada menos que por Gary Cooper, Fredric March y Miriam Hopkins: repóquer de ases. Sin olvidar a Coward, claro. La bisexualidad se tamizó, como la mayoría de los personajes del comediógrafo inglés, pero quedaba bien clara.

En Nueva York, Lunt y Fontanne comenzaron a ser popularísimos, y Coward escribió obra tras obra (y canción tras canción). En los años treinta era ya una estrella. En los cincuenta, en pleno apogeo de los angry, fue acusado de frivolidad y falta de compromiso por algunos nuevos dramaturgos. Philip Hoare, su biógrafo, señala que, en los treinta, los rostros de Coward se multiplicaron: si unos le recibieron como un enfant terrible, una parte de la crítica le calificaló como un autor radical, inmoral, casi subversivo. Y sus personajes, motejados de esnobs, frívolos y egoístas.

Saltamos a los sesenta: Harold Pinter y Joe Orton fueron quizás los primeros en reivindicarle. Y en la época del Swinging London le ensalzan casi como un icono moderno: frivolidad, ligereza y siempre un trasfondo de tristeza. Tuve que esperar a finales de los noventa para redescubrirle: el director Sean Mathias, entonces una joven promesa, montó en la sala Donmar Warehouse una versión militantemente gay de Design for Living.

En manos de Lluís Nadal, Koko, el espacio escénico de Els somnàmbuls es desnudo y circular. La estupenda iluminación del montaje es de August Viladomat. El vestuario, de Tere Solà. Mientras el público empieza a entrar en el Espai Brossa, que ha abierto de nuevo sus puertas tras el cierre obligado por la pandemia, les reciben grandes éxitos del pop de los sesenta: Love, Zombies, Turtles, Count Five, Standells, Animals, Herman’s Hermits, Electric Prunes… El DJ de la compañía se reserva dos sorpresas: la canción que el trío baila en el bar es de la película Bande à part, de Jean-Luc Godard, y la última, con un aire melancólico, es The Party’s Over Now, que cerraba Design for Living en la voz del propio Coward.

Me gustó el afinado trabajo de David Marcè y Genís Casals, y Laura Pujolàs me pareció una joven y singular mezcla de Rita Tushingham y Ana María Barbany en los años sesenta. La nueva versión del montaje quizás lleva todavía poco tiempo, y la relación entre los dos amigos pierda un poco de ritmo en algunas escenas.

Laura tiene tensión, humor neurótico, velocidad. Su monólogo de apertura en torno al amor y el desamor la define muy bien. Y diálogos rápidos y secos como este que sigue, en dos frases. Genís: ¿por qué no vivimos juntos? Laura: porque nos queremos.

La forma quizás no tenga la sofisticación del original, ni falta le hace: yo aplaudo 1) la habilidad de los saltos en el tiempo; 2) parece que hayan estado los tres media vida juntándose y separándose: arriesgado juego; 3) otro bravo para Llàtzer Garcia, que nos hace el regalo de que parezcan sencillos tanto el texto como la puesta en escena.

Els somnàmbuls. Texto y dirección: Llàtzer Garcia. La Seca-Espai Brossa. Barcelona. Hasta el 4 de octubre

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