20 baños termales en Europa para relajar cuerpo y mente

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Hay viajes en los que la sorpresa aguarda en el subsuelo, lugares donde la tierra arroja agua caliente en forma de manantiales que jamás se secan; potentes chorros ardientes que descienden por paredes rocosas, o géiseres que irrumpen en superficies heladas. En la mayoría de los casos, se trata de aguas ricas en minerales con propiedades para tratar o aliviar ciertas dolencias. Muchas llevan procurando momentos de relajación a los europeos desde hace milenios.

Un grupo de personas disfruta de un baño termal en plenas navidades en la piscina descubierta del Thermae Bath Spa, en la ciudad inglesa de Bath.
Un grupo de personas disfruta de un baño termal en plenas navidades en la piscina descubierta del Thermae Bath Spa, en la ciudad inglesa de Bath. Matt Cardy getty images

Un baño con los romanos en la campiña inglesa

Thermae Bath Spa (Inglaterra, Reino Unido)

Ya lo sabían los romanos hace más de 2.000 años: en el hermoso enclave de Bath, en el sureste de Inglaterra, brotan unas beneficiosas aguas termales que deparan unos baños relajantes y terapéuticos. Y así sigue siendo, pues los manantiales a orillas del Avon nunca han dejado de borbotear en esta elegante villa de arquitectura georgiana. Las termas de los antiguos romanos o Roman Bath destilan, hoy como en la Antigüedad, su viejo encanto y son una visita turística impresionante e imprescindible por lo bien conservadas que están. Fueron descubiertas en 1775 y son uno de los vestigios más importantes de la antigua Britania. El espectacular complejo termal se erigió entre los siglos I y V después de Cristo junto a una fuente de agua natural que mana a 46 grados centígrados. En el centro de la ciudad también se encuentran una de las instalaciones termales más modernas de Inglaterra, las Thermae Bath Spa. Además de distintos tratamientos relajantes y de belleza, cuenta con una pisicina con vistas panorámicas a la localidad en la que darse un baño calentito al atardecer, a la intemperie, en las mismas aguas termales que ya disfrutaron celtas y romanos.

Panorámica de los Bagni di Petriolo, cerca de la ciudad italiana de Siena.
Panorámica de los Bagni di Petriolo, cerca de la ciudad italiana de Siena. Michael Duva getty images

Sabiduría clásica en la Toscana

Bagni di Petriolo (Siena, Italia)

Los romanos fueron los grandes creadores de los tratamientos termales y, concretamente, de un modelo que se ha perpetuado durante siglos hasta llegar a nuestros días. En baños como el de Petriolo, a 30 minutos en coche de Siena, es fácil imaginarse a terratenientes romanos solazándose en estas piscinas de piedra en plena naturaleza, cuyas aguas oscilan entre los 20ºC y los 43ºC, un cambio de temperatura óptimo para activar el riego sanguíneo. Todavía sigue siendo una experiencia majestuosa bañarse en estas albercas naturales, restauradas como si cuerpo y alma recibiesen por fin ese trato exquisito que tanto se han ganado en el estresante día a día. En estas termas del encantador Val di Merse también se ofrece un variado programa terapéutico. Por no hablar de las delicias de su restaurante.

La cascada del molino, en la terma de Saturnia, en la provincia italiana de Grosseto.
La cascada del molino, en la terma de Saturnia, en la provincia italiana de Grosseto. yannick luthy ALAMY

Un baño gratuito en aguas sulfurosas

Bagni di Saturnia (Toscana, Italia)

Incluso Dante, el autor de la Divina comedia, se habría sentido a gusto aquí. Y es que el adjetivo divino casa perfectamente con estas ardientes aguas sulfurosas de la localidad italiana de Saturnia, en la vasta región de la Maremma, que comprende parte de la Toscana y del Lacio. El agua se precipita desde arriba a través de pequeñas cascadas y se acumula en piscinas naturales dispuestas a modo de terrazas. Aquí puede uno sumergirse en aguas medicinales sulfurosas; solo el olfato se rebela, ofendido por la punzada del azufre. En cambio, el bolsillo queda intacto, ya que todo es gratis, y al aire libre, así que tampoco hay horarios y es posible bañarse las 24 horas del día. Una regla sí hay que respetar: las personas con problemas de circulación no deben permanecer en las aguas más de 20 minutos.

El complejo de aguas termales de Blue Lagoon, cerca de Reikiavik, la capital de Islandia.
El complejo de aguas termales de Blue Lagoon, cerca de Reikiavik, la capital de Islandia. Galli Max ALAMY

Islandia, el país que escupe agua caliente

Manantiales de Blue Lagoon, Secret Lagoon y Seljavallalaug

Otro paraíso para los amantes de las aguas termales es Islandia. Como al comienzo de los tiempos, aquí la tierra sigue en ebullición, los volcanes escupen lava de cuando en cuando y por cualquier rendija del terreno se escapan chorros ardientes en forma de géiseres. En este país del norte de Europa tan singular no hace falta perder el tiempo buscando un hotel con jacuzzi: la naturaleza ofrece hidroterapias mucho mejores. Uno puede bañarse con total tranquilidad en los manantiales de agua caliente que brotan al aire libre por todo el país. Los hay que son solo un agujero en la tierra, mientras que otros se han convertido en grandes oasis de hidroterapia. El más conocido es la Blue Lagoon, una vaporosa laguna de ensueño azul-cobalto entre campos volcánicos y cumbres nevadas cerca de Reikiavik, la capital.

Más silvestres y menos visitadas son otras piscinas termales a cielo abierto, como la Secret Lagoon, cerca del pequeño pueblo de Flúðir, en el área del Círculo Dorado. Un lugar único rodeado del vapor que se eleva de sus aguas, circunstancia que lo convierte en un paraje mágico en el que un pequeño géiser entra en erupción cada cinco minutos. Otro baño reparador ofrece Seljavallalaug, cerca de Seljavellir (al sur). Construida en 1923, es una de las piscinas más antiguas de Islandia, levantada junto a una pared de roca por donde cae el agua proveniente de un manantial natural próximo a ese lugar. La alberca, de acceso gratuito, está enclavada en un valle estrecho a los pies del volcán Eyjafjalla, que alcanzó fama mundial por provocar el caos aéreo en Europa al entrar en erupción en 2010.

El 'spa' de Carapacho, en la isla de Graciosa, en el archipiélago de las Azores (Portugal).
El ‘spa’ de Carapacho, en la isla de Graciosa, en el archipiélago de las Azores (Portugal). José Pedro Fernandes ALAMY

Piscinas naturales a orillas del Atlántico

Termas do Carapacho (islas Azores, Portugal)

En las islas de São Miguel y Graciosa, en las Azores, el hombre ha sabido aprovechar en muchos puntos, para su bienestar, el vulcanismo subterráneo. En medio de una naturaleza agreste de aspecto selvático, numerosas piscinas naturales ofrecen la posibilidad de un baño en aguas termales a 40ºC al que se atribuyen propiedades curativas.

Un escenario especialmente impresionante se encuentra en las Termas do Carapacho, en la isla de Graciosa. Al pie de un acantilado de 200 metros, los bañistas pueden elegir entre un chapuzón en el manantial de agua caliente o en la piscina natural que hay junto a él, que conecta directamente con el Atlántico.

Unas termas milenarias en un parque nacional

Termas do Gerês (Portugal)

En lo que a cultura termal se refiere, ningún pueblo de la antigüedad puede siquiera compararse a los romanos. Una prueba más de ello, y toda una garantía desde hace unos 2.000 años gracias a sus placeres hídricos, son las Termas do Gerês de Portugal. Enmarcado en el macizo granítico del parque nacional de Peneda-Gerês, al norte del país, este balneario es una auténtica delicia paisajística. Y, debido a su insólita composición, sus aguas no solo sirven para el baño: quien ande delicado de huesos o articulaciones, de las vías respiratorias, del hígado o de la vesícula, o quien sufra problemas dermatológicos, también las puede beber.

Diversión a remojo en el Alto Tatra

Terma Bania (Alto Tatra, Polonia)

¿Quién ha dicho que en los balnearios tengan siempre que reinar la quietud y el silencio? En un paisaje pastoral al pie del Alto Tatra, en la frontera entre Eslovaquia y Polonia, el complejo Terma Bania deja claro a primera vista que aquí la cosa es diferente. Con 14 piscinas, más de 300 metros de locos toboganes, géiseres, tiovivos, cascadas y cañones de agua por todas partes, la diversión de los clientes de esta ambiciosa instalación termal está asegurada. También hay, por supuesto, las clásicas zonas de relax con vistas a las montañas. Y todo ello mientras uno se sumerge en aguas termales ricas en minerales que irrumpen a 2.500 metros bajo el suelo.

Un baño tocando el cielo

Spa Cieléo (Barèges, Francia)

¿Un baño en el cielo? El balneario Cieléo, el más alto de Francia, quizás no llegue a tocar las nubes, pero sí alcanza una altitud meritoria: 1.250 metros. Y es que en los Pirineos no faltan ni el agua ni los manantiales, por lo que en el pueblecito de Barèges, en la región de Occitania, ya se trataba a soldados heridos hace siglos. Hoy se puede relajar uno en la piscina hidroterapéutica o en un hammam (baño árabe). Agua a presión, barros medicinales, hidromasaje… Lo que haga falta. Y quien se canse de bañarse, apenas salga por la puerta encontrará aire puro y el mejor paisaje pirenaico.

Sauna y piscina de Yrjonkatu, en Helsinki (Finlandia).
Sauna y piscina de Yrjonkatu, en Helsinki (Finlandia). Sergi Reboredo alamy

Nadar desnudo (o en bañador) con separación por sexos

Piscina cubierta de Yrjonkatu (Helsinki, Finlandia)

La antigua piscina cubierta del centro de Helsinki invita a bañarse con el mismo encanto que lo hacía la refinanda sociedad finlandesa de la década de 1930. Gracias a una costosa y reciente restauración, se ha recuperado su aspecto decimonónico original. Así, esta alberca cubierta, durante décadas la única pública de Finlandia, es un maravilloso ejemplo de clasicismo. En las plantas superiores hay saunas y espacios de relax. Antes era obligatorio bañarse desnudo, pero hoy se puede hacer también en bañador. Estricta sigue siendo, sin embargo, la separación por sexos: hombres y mujeres tienen acceso permitido en días diferentes de la semana.

Aguas termales en el desfiladero griego de las Termópilas.
Aguas termales en el desfiladero griego de las Termópilas. Karl Allen Lugmayer alamy

Manantiales para héroes

Termópilas (Lamia, Grecia)

El desfiladero de las Termópilas es un paso ineludible en el trayecto entre el norte y el sur de Grecia. Y también fue el lugar donde, en el año 480 antes de Cristo, el rey espartano Leónidas se opuso heroicamente, con 300 hombres, a la supremacía del ejército persa de Jerjes. Hoy el lugar lleva su nombre (que significa “puertas calientes”) con razón: estos manantiales de aguas termales, a los que se puede acceder libremente, borbotean a unos 40ºC desde las profundidades del suelo y huelen, de forma muy poco heroica, a huevos podridos debido a la alta presencia de azufre.

Un baño caliente en el hogar de Safo

Policnitos (Lesbos, Grecia)

Relax total en medio de un paisaje extraordinario. El aire está lleno de un olor ligeramente sulfuroso y las rocas volcánicas de los manantiales de agua caliente de la isla griega de Lesbos relucen en llamativas tonalidades amarillas y orín. En un manantial que alcanza temperaturas de hasta 92ºC, podría uno hervir pasta sin problema. Son las aguas termales más calientes de toda Europa. Solo que luego esas aguas, temperadas a 42ºC, ofrecen un baño magnífico en apacibles piscinas. Su alto contenido mineral no solo es ideal para distenderse, sino que alivia también dolencias crónicas como el reúma o la artrosis.

Una gran cúpula deja pasar la luz al interior de las piscinas del complejo termal de Friedrichsbad, en Baden-Baden (Alemania).
Una gran cúpula deja pasar la luz al interior de las piscinas del complejo termal de Friedrichsbad, en Baden-Baden (Alemania). Hemis alamy

Rutina placentera en un palacio clásico

Friedrichsbad (Baden-Baden, Alemania)

La rutina diaria en este antiguo balneario con más de 140 años de historia puede transcurrir, más o menos, como sigue: primero ducha con aguas termales, luego meditación en las tumbonas de madera, después masaje con cepillo enjabonado, inmersión en vapor, masaje con crema, baño en piscina de burbujas… y vuelta a empezar. En Friedrichsbad, en la famosa ciudad balenario de Baden-Baden, en la Selva Negra alemana, el tiempo no importa y es fácil, entre el vapor de las aguas termales, olvidarse de los avatares del mundo que suceden ahí afuera. El palaciego edificio renacentista, con sus azulejos pintados a mano, hace que la experiencia sea aún más atemporal.

Un espectacular paisaje montañoso envuelve al spa de Längenfeld, en Austria.
Un espectacular paisaje montañoso envuelve al spa de Längenfeld, en Austria. Giada Gottardi / EyeEm getty images

Un mundo de diversión acuática en el Tirol

Aqua Dome Tirol Therme (Langenfeld, Austria)

Con un picudo cono en el centro (la catedral de las termas) y algo así como tres platos soperos gigantes en suspensión, este balneario parece un ovni posado sobre las montañas tirolesas. En pleno corazón del valle alpino de Ötztal, aquí el agua alcanza los 36ºC y las piscinas de azufre, de sales minerales y de masaje, hacen honor a su nombre. Esta experiencia al aire libre es especialmente impresionante cuando una mullida capa de nieve lo cubre todo a nuestro alrededor.

Una mujer se baña en una de las termas públicas de Ourense (Galicia).
Una mujer se baña en una de las termas públicas de Ourense (Galicia). © Santiago Urquijo getty images

Las aguas curativas del Miño

Baños termales de Ourense (España)

Se asemejan mucho a los onsen japoneses, esos legendarios baños públicos del país asiático, pero en los baños de Ourense ya los romanos habrían sumergido sus fatigados cuerpos en las aguas curativas junto al río Miño. Aunque supuestamente buscaban oro, al toparse con estos vaporosos encantos de Galicia sintieron, probablemente, relajarse sus lucrativas ansias. Hoy Ourense ofrece cinco baños o termas gratuitas, a lo que se añaden oasis hidroterapéuticos privados con todo lo imaginable y aún más: desde masajes con algas hasta chocolaterapia. No hay que dejar de asomarse al manantial de agua caliente del casco antiguo de la ciudad: en la fuente de las Burgas las aguas medicinales brotan a 67ºC.

En vez de petróleo… agua caliente

Bizovačke Toplice (Croacia)

A veces las cosas son distintas a lo que uno espera. Unos geólogos que buscaban petróleo toparon, no lejos de Osijek, al este de Croacia, con el manantial de aguas salinas más calientes de Europa. Esta surgencia, rica en minerales, enseguida se hizo popular entre los bañistas. De manera que una prospección fallida acabó convirtiéndose en un filón económico para la comarca. En las décadas posteriores fue construyéndose, poco a poco, el complejo termal de Bizovačke Toplice, que hoy cuenta con una piscina cubierta y otra de olas. Aunque posiblemente la mejor experiencia es el baño nocturno (solo los fines de semana) con música en directo a cargo de un DJ.

Aguas termales de Bënja, en Albania.
Aguas termales de Bënja, en Albania. Peter Schickert ALAMY

A la sombra de un puente otomano y de las cumbres del Pindo

Fuentes calientes de Benja (Albania)

Al noreste de Gjirokastër se encuentran el puente otomano Kadiut y las termas de Benja, convertidas en uno de los lugares más fotogénicos del sur de Albania. Las aguas de tonos turquesa del río Langarica que discurren bajo el puente, construido en la Edad Media, tienen propiedades para el tratamiento de reumatismo, enfermedades de la piel, gástricas y de los riñones. Pero no son solo sus baños de barro los que atraen visitantes a las termas, ya que las terrazas construidas para contener sus aguas se han convertido en un spa natural para relajarse. El invierno, cuando la temperatura cae por debajo de cero grados centígrados, es el mejor momento para sumergirse en la calidez de estas termas. Y las cumbres nevadas del salvaje monte Pindo culminan un escenario perfecto.

Chapuzón reparador tras una jornada intensa de esquí

Walliser Alpentherme Spa (Leukerbad, Suiza)

Después de haber encontrado en las pistas de esquí del sur de Suiza el lugar perfecto para los deportes de invierno, lo mejor es recargar las pilas en Leukerbad, en el cantón del Valais. ¿Qué tal, por ejemplo, un masaje con barro volcánico rico en minerales que acaba de inmediato con las contracturas? ¿O un masaje con pistilos calientes? En cualquier caso, no puede faltar un chapuzón en las gigantescas piscinas termales (cubierta y descubierta) que humean ante la imponente silueta de los Alpes. Estas aguas medicinales proceden de los lagos Wysse y Schwarzsee, a una altura de hasta 3.000 metros. Cuatro décadas llevan estas aguas mineralizadas serpenteando entre las rocas.

Espectacular mirador a las montañas en las termas de Vals, en Suiza.
Espectacular mirador a las montañas en las termas de Vals, en Suiza. Fernando Guerra-VIEW ALAMY

Suspendidos en el tiempo en un balneario futurista

Balneario 7132 (Vals, Suiza)

Un balneario que es un poema: el del pueblecito alpino de Vals, en el cantón suizo de Graubünde. La obra maestra del arquitecto suizo Peter Zumthor, que aúna la atemporalidad, la primerísima calidad de los materiales y la elegancia purista, hace de la visita a este complejo toda una experiencia sensorial. El agua y la piedra mandan en este conjunto ideado como una isla en la que el tiempo parece quedar detenido. Miles de planchas de cuarcita que relucen en azulados tonos místicos, agua a 30ºC, variados programas hidroterapeúticos… Aquí un día equivale a unas vacaciones enteras. Y volviendo a la tierra, las fantásticas vistas de las montañas suizas desde las tumbonas son simplemente perfectas.


La ciudad búlgara de Velingrad, conocida como la capital termal de los Balcanes. con las montañas Rhodope al fondo.

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La ciudad búlgara de Velingrad, conocida como la capital termal de los Balcanes. con las montañas Rhodope al fondo. Evgeni Fabisuk alamy

La capital balnearia de los Balcanes

Velingrad (Bulgaria)

La verdad es que en esta ciudad del sur de Bulgaria, oficiosamente su capital balnearia, cuesta decidirse: más de 90 fuentes brotan del suelo con temperaturas entrelos 28ºC y 86ºC. Y eso que Velingrad es solo una entre tantas, porque Bulgaria es, después de Islandia, el país de Europa con más manantiales termales. El lugar se completa con todo tipo de agradables hoteles y hostales, muchos con su propia surgencia. En cambio, el agua del manantial de Kleptusa, el mayor surtidor kárstico del país, brota fría como el hielo a un ritmo de 600 litros por segundo.

Piscina cubierta en los baños termales Gellért, en Budapest (Hungría).
Piscina cubierta en los baños termales Gellért, en Budapest (Hungría). JOHN KELLERMAN ALAMY

Chapotear en aguas imperiales

Baños termales Gellért (Budapest, Hungría)

Es imposible imaginar Budapest sin el famoso hotel Gellért y el balneario que lleva el mismo nombre. Una lujosa arquitectura modernista de época austro-húngara nos transporta a un mundo en el que, desde 1918, los huéspedes se pueden sumergir, en el sentido literal de la palabra. Baños termales y de vapor, 13 piscinas (cubiertas y al aire libre; una incluso con olas), y todo ello con aguas de excelencia acreditada. Además, saunas y baños de burbujas, y cualquier cosa que ayude a pasar agradablemente el día en uno de los centros termales más famosos del Viejo Continente. No es el único de Budapest, ciudad balnearia a orillas del Danubio, aunque sí el más lujoso y exclusivo. Para todos los públicos y también de aire imperial, los baños Széchenyi: un enorme complejo de piscinas, al aire libre y cubiertas, construido en 1913 en estilo neobarroco. Los vecinos de Budapest pasan allí el tiempo libre, quedan con amigos, e incluso juegan al ajedrez o se entregan a la lectura con el cuerpo a remojo.

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