Guerra fría en la derecha tras la moción

El presidente de Vox, Santiago Abascal, pasa por delante del secretario general del PP, Teodoro García Egea; la portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Cuca Gamarra; y el presidente del PP, Pablo Casado.
El presidente de Vox, Santiago Abascal, pasa por delante del secretario general del PP, Teodoro García Egea; la portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Cuca Gamarra; y el presidente del PP, Pablo Casado.EUROPA PRESS/E. Parra. POOL – Eu / Europa Press

Un mes después de la batalla de la moción de censura, un nuevo escenario se ha abierto paso en el bloque de la derecha: una guerra fría de efectos impredecibles. Tras la convulsión por la ruptura del PP con Vox y el giro centrista de Pablo Casado, los tres actores a la derecha del PSOE —PP, Vox y Ciudadanos—, libran una pugna algo más soterrada, pero cargada de tensión y hostilidad. El golpe en la mesa de Casado ha enfurecido a Vox y ha tensionado a Ciudadanos, obligado a reaccionar para defender su espacio en el centro. La consecuencia son ataques cruzados y juego sucio en una contienda que no está ni mucho menos resuelta: los expertos en demoscopia siguen detectando una altísima volatilidad e indecisión en el electorado conservador, confuso por la pelea entre sus líderes.

El PP ha recibido esta semana un misil de Vox en forma de bronca en el Parlamento que eclipsó su iniciativa parlamentaria destinada a erosionar al Gobierno. Los populares presentaban una reforma legislativa para evitar el estado de alarma, pero el enfrentamiento deslució su propuesta, y solo se habló de que la derecha se dividía, peleada.

“Se retrató él solo: a falta de argumentos, profirió insultos”, se quejan en el PP del diputado de Vox Jose María Sánchez, que lanzó duras invectivas a la portavoz parlamentaria, Cuca Gamarra, a la que dijo que tenía que “volver a la facultad” y había presentado “un conjunto de tonterías”. La bancada del PP hervía cuando ella le contestó entre aplausos que era un “machista”.

El caso es un ejemplo de que la tensión se ha disparado entre el partido de Abascal y el de Casado. “La creciente hostilidad quizá tiene que ver con la decreciente presencia de Vox en los medios de comunicación”, analiza un miembro del comité de dirección del PP. “La moción ha mermado su capacidad de influencia mediática. Y se ha visto lo fútil que era una iniciativa que al final reforzó al Gobierno”, apostilla. La estrategia del PP es no entrar en las provocaciones de Vox, pero sí seguir marcando sus diferencias. “Hemos estado muchos años sin contestar a los ataques de Vox, pero no perdemos de vista a quién tenemos que hacer oposición, que es a Sánchez”, apunta otro dirigente popular.

No solo es Vox, también Cs se distancia de sus socios de Gobiernos autonómicos. Con formas respetuosas, el portavoz de Cs Edmundo Bal dijo que al Tribunal Constitucional “no le duraría ni cinco segundos” la propuesta del PP. En Cs reconocen que el “juego sucio” de los populares —con los fichajes de Albert Rivera y su mano derecha, José Manuel Villegas, que colaborarán profesionalmente con el PP— les da más libertad para marcar distancias “sin tantos miramientos”. Arrimadas desconfía del giro de Casado. “Es una operación de marketing”, dicen en su entorno. En el partido ironizan parafraseando al socialista Alfonso Guerra sobre los reiterados giros centristas del PP: “¿De dónde vendrá el PP, que lleva tantos años viajando al centro?”.

Arrimadas confía en que se visualice que Cs es el verdadero centro liberal y el PP el partido conservador cuando lleguen los debates sobre temas morales como la eutanasia o el aborto, en los que Cs es favorable al avance en derechos civiles. En el partido señalan además que el PP de momento solo ha hecho un giro “retórico” porque no ha cambiado su actitud ante los acuerdos con el Gobierno; esta semana los populares han vuelto a descartar el pacto para renovar el Consejo del Poder Judicial por el posible apoyo de Bildu a los Presupuestos generales. “El PP puede estar promocionando un espacio central del que luego lo mismo no se beneficia”, apunta un colaborador de Arrimadas, que reconoce, no obstante, que si Casado va en serio y da pasos sí que puede hacer “sufrir” a Cs.

La ventaja del PP ante la hostilidad de Vox es que Abascal no tiene margen para boicotear los Gobiernos autonómicos, como evidencia que esta semana ha aprobado los Presupuestos andaluces. Arrimadas, por su parte, parece haber perdido su apuesta por un pacto con el Gobierno para las cuentas públicas. Casado sale más fuerte de la moción pero los expertos advierten de que la derecha sigue siendo “acéfala”, como la describe el investigador de Metroscopia José Pablo Ferrándiz, porque “ninguno de los tres líderes es aprobado por el conjunto del electorado conservador”. Metroscopia detecta un ligero trasvase de Vox al PP, pero al mismo tiempo que Abascal “tiene un suelo sólido y no está por debajo de su resultado del 10 de noviembre.”. El director de Gad3, Narciso Michavila, observa “mucha indecisión”. “No veremos el impacto de la moción hasta los resultados de las elecciones catalanas”, analiza.

El penúltimo capítulo de esa guerra fría se librará en Cataluña, donde el reciente barómetro del Centro de Estudios de la Generalitat apunta a una fuerte irrupción de Vox en empate con el PP, mientras Cs cae a menos de la mitad de sus escaños. En este clima de vientos gélidos, Casado y Arrimadas aún tienen que decidir cuál será la fórmula con la que concurrirán a las urnas.

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